Este fue uno de los titulares con el que me topé a propósito del 8M. Durante marzo me propuse navegar por los medios y redes, como observadora y tomando el pulso de las conversaciones.

En eso estaba cuando me topé con la cuña de Lily Allen (cantante y presentadora inglesa), que en su entrevista explicaba: «Algunas personas eligen su carrera antes que la de sus hijos y esa es su prerrogativa, pero mis padres estaban bastante ausentes cuando yo era niña» y por supuesto no quería repetir la historia.

No ha sido la única figura pública que se ha referido a las consecuencias negativas de la maternidad en su desarrollo profesional. Pero convengamos algo, “no es bien visto” decirlo y quizás por ello, muchas no seríamos capaces de verbalizarlo, o no al menos con esa crudeza. Hacerlo implica no sólo enfrentar a una sociedad y cultura, sino a una misma, a nuestras frustraciones, culpas y la rabia de no haber cumplido, porque no, no podemos con todo, aunque nos digan lo contrario.

Y es que en verdad resoné tanto… Mi carrera no se arruinó cuando me convertí en madre, pero tomó otro rumbo y las decisiones propias como las de otros estuvieron teñidas por esa “particular condición”.  Fui discriminada, me sentí sobre exigida, tuve depresión, di un paso al costado y tuve que reinventarme. En verdad, amo a mi hijo y a mi hija, les adoro, pero ¿tenía que amarme menos a mí? ¿tenía que amar menos mi propio desarrollo? ¿había que elegir? Estoy convencida de que no.

Pero esta columna no se trata sólo de mis impresiones y la cuña de la cantante, se trata de cómo las brechas salariales y de participación laboral de mujeres siguen presente y son un fiel reflejo de la discriminación y la falta de una sociedad que eduque, de soporte y refuerce la maternidad y corresponsabilidad.

Claudia Goldin, premio Nobel de Economía, explica: “la mayor parte de las diferencias actuales están entre hombres y mujeres dentro de la misma ocupación, y al mismo tiempo, estas emergen principalmente con el nacimiento del primer hijo”. Se entiende como el efecto “multa por hijo”, menores rentas para quienes serán las cuidadoras disponibles en caso de emergencia.

¿Sabías que aún en 2024, el derecho a sala cuna sólo es tal si eres de las 20 empleadas de una organización? Esto significa que la empresa puede ahorrarse ese costo y no contratar a la número 20, y significa también, que los hombres no son sujetos de esa responsabilidad y por tanto, la organización tampoco de su costo.

La falta de flexibilidad merma las posibilidades de conciliación e impacta de manera mucho más exigente a las mujeres, quienes trabajan alrededor de 6,6 horas al día en labores de cuidado y domésticas, prácticamente una jornada laboral extra. Hace poco se promulgó en Chile la ley de conciliación laboral, y adivina qué, no es tan flexible porque, por ejemplo, el control sobre la jornada versus la flexibilidad horaria tampoco es cosa de la simple voluntad de la trabajadora. “La falta de tiempo que experimentan las madres es crucial: al tener que asumir la mayor parte de las responsabilidades de crianza y cuidado de los hijos, se alejan de los esquemas de trabajo, usualmente mejor pagados, que premian la disponibilidad horaria, las carreras ininterrumpidas y la presencialidad” (Laura Ripani, 2023), y así van quedando peldaños abajo.

Quiero que entiendas, que no se trata de egos, de aspiraciones superfluas y simple ambición, que sí, puede pasar ¿Y estaría mal? Se trata de comprender el trabajo como un factor protector  en el desarrollo de las mujeres. La independencia económica, la generación de redes, el aprendizaje de habilidades diversas, la posibilidad de aportar valor son, entre muchas, variables que fortalecen la salud mental, el pensamiento crítico, el empoderamiento y la contención para socavar otras formas de violencia y discriminación. Mujeres en puestos de toma de decisiones promueve factores protectores para la sociedad.

¿No te parece que tenemos un tremendo desafío? La educación, el trabajo con las niñas, adolescentes y jóvenes no tendrá mayores frutos si no tenemos una sociedad organizada y convencida de la protección de la maternidad y la niñez. Trabajar con ellas sus creencias, estereotipos, visibilizar algunas referentes y promover su activismo en contra de la discriminación y violencia de género, servirá de poco si no tendrán al alcance el prospero desarrollo personal y laboral.

Estamos hablando de algo tan esencial y básico para una sociedad, como lo son maternidad y desarrollo. Urge ampliar las conversaciones e interpelaciones en todos los escenarios donde se refuerza el estereotipo de la crianza.

Necesitamos que en los colegios se promuevan actividades en torno a la deconstrucción de sesgos y estereotipos relacionados a los roles de género, que no sólo inspiren a niñas sino que también, involucren a los varones en el desarrollo de habilidades y actividades diferentes. No vamos a avanzar si en los espacios públicos no promovemos las relaciones equitativas y respetuosas, disponiendo desde infraestructura física para acceder con menores, hasta la generación de actividades culturales y deportivas que no discriminen por género.

Requerimos de una legislación y de que la elite política esté dispuesta a hacer cambios en torno a cómo se entienden y articulan conceptos como familia, maternidad, parentalidad y corresponsabilidad, una clase política dispuesta a distribuir el poder y promover el desarrollo para equiparar la cancha y facilitar el acceso a las mujeres a los espacios de toma de decisiones.

Necesitamos organizaciones que inviertan en sus equipos, y en mujeres, que distribuyan los riesgos y beneficios de forma equitativa, que promuevan culturas inclusivas y que por tanto, se hagan cargo de su responsabilidad como uno de los grandes pilares de la sociedad. Las empresas deben ser capaces de instalar conversaciones distintas donde el crecimiento profesional de cada colaboradora y colaborador converse y se nutra de su desarrollo personal, familiar y social. Las organizaciones deben ser un modelo de un relacionamiento virtuoso de sus stakeholders internos y externos, promoviendo el crecimiento de cada uno de ellos.

Mientras las brechas de género sigan existiendo, y aún más a causa de la maternidad, estaremos dinamitando todos los avances conseguidos para la construcción de culturas sostenibles y saludables, seguiremos subsidiando el beneficio de unos pocos, envejeciendo aún más como sociedad y perpetuaremos el desperdicio de talento y vulnerando con impunidad.


Ximena Perivancich

Directora de Cuentas en HuX