¿De qué hablamos cuando decimos que debemos desarrollar un liderazgo estratégico?, ¿Qué debiese ocurrir para poder afirmar que este u otro líder es, o no es, estratégico?

Para J. Porter una de las actividades principales del estratega es la de comprender y enfrentar la competencia. El problema es que cuando hablamos de competencia muchos de los líderes solo la entienden como una fuerza externa que lucha contigo en el mercado para quedarse con tu trozo de la torta, olvidando el resto de las fuerzas que menciona el autor: clientes, proveedores, posibles productos substitutos, regulaciones estatales, etc. Y eso no es todo. Debemos considerar también las fuerzas internas de la organización que juegan a favor o en contra del éxito. Debemos detenernos a observar esas fuerzas movilizadoras u obstaculizadoras, ya que no son evidentes para quienes están inmersos en la cultura.

¿Pero cómo podemos ser capaces de anticipar las jugadas y de entender la nueva composición del tablero cuando el mundo cambia constantemente el rumbo, los significados, los patrones, incluso los paradigmas, antes de que siquiera logren instalarse?

Siguiendo la línea de los tableros es que me encontré de un artículo que habla de las similitudes del liderazgo y el ajedrez. Lo interesante de este texto, más allá de que el ajedrez ha sido fuente de inspiración y práctica de grandes estrategas y líderes de la historia, es que menciona cuatro analogías del ajedrez que pueden llevarse al mundo organizacional.

  1. Cada una de las piezas tiene un propósito.

Los jugadores con experiencia saben que lo que garantiza el éxito de la partida es el desempeño de todas las piezas trabajando en conjunto. Un buen líder sabe que la diversidad de los equipos genera plasticidad, flexibilidad y capacidad de adaptación a entornos cambiantes. Ningún equipo está compuesto solo por estrellas: en todo equipo hay multiplicidad de estilos y capacidades, y esto es, en sí mismo, un valor. Cada pieza del tablero tiene un rol en el juego. Lo importante es que todos sepan cual es el suyo, el de los otros y cuál es el propósito de la jugada. 

  1. Ganar es un objetivo, no una estrategia.

En el ajedrez son infinitas las opciones de jugadas y lo mismo sucede con los sistemas organizacionales que hoy habitamos. No basta solo con definir un objetivo. También se hace necesario definir el “cómo”, y para lograr esto es necesario contemplar, es decir, hacer una pausa y visualizar el conjunto de movimientos que todo el sistema en su conjunto debe realizar. ¿Cuánto tiempo dedicamos a observar el comportamiento de indicadores, equipos, sistemas o personas? ¿Cuánto tiempo reservamos efectivamente para “jugar” con los escenarios posibles en nuestra mente? ¿Haremos concesiones?, ¿Colaboraremos?,  ¿Sostendremos una posición firme? La capacidad de analizar escenarios, acciones y resultados, combinada con el reconocimiento de patrones específicos es lo que define la Estrategia. 

  1. Trabajar de acuerdo con lo que pasa en el mercado, no de acuerdo a un plan.

Cambia todo cambia, y por lo tanto los planes que hacemos un día, son obsoletos al siguiente. Un gran aprendizaje que nos dejó la pandemia es que las decisiones y acciones inteligentes, alineadas con el escenario real, superan cualquier plan riguroso. Ha sido la flexibilidad y la capacidad de adaptación lo que ha determinado qué organizaciones sobreviven y cuáles no. 

  1. Tomar siempre pausas para la reflexión.

Detenerse a pensar es sumamente importante para poder hacer ajustes. Los grandes líderes no solo hacen bien su trabajo, sino que saben detenerse a revisar, pensar en lo que están haciendo y ajustarlo. No conozco a ningún líder que no haya agradecido el tiempo destinado a pensar en la estrategia. 

Una práctica oriental, afirma que las figuras blancas y las negras no son rivales sino opuestos-complementarios, las fuerzas del ying y el yang son necesarias como el frío al calor o la noche al día para que la vida marche. ¿Será esto lo que hace mágico al ajedrez?  La invitación es, entonces, a integrar estas cuatro ideas, contemplando la idea de que, tal como las piezas del ajedrez en su tablero, estamos permanentemente influidos por fuerzas ying y yang, luz y sombra, así como también las fuerzas interiores que nacen de las experiencias del pasado, y las expectativas del futuro. 

¿Qué tal si aprendemos de la vida mientras jugamos?