Alexis Sánchez es un gran futbolista chileno reconocido, no solo por haber jugado en grandes equipos, sino, además, por ser el actual goleador histórico de la roja. 

Uno no pensaría que, a estas alturas de su carrera, llegara casi dos horas antes al entrenamiento de su club actual, el Inter de Milán, se preparara y empezara a trabajar antes que sus compañeros para poder estar al 100%, deslumbrar a su entrenador y ganarse unos minutos para los partidos. En un partido contra Juventus, en enero de este año, sin ser titular se mentaliza para dar su máximo los minutos que entrara a la cancha. Ingresó cuando su equipo perdía 1-0, hizo un gol y dio una asistencia para darle la victoria al Inter de Milán. Al siguiente partido, Alexis fue titular, y tenía que demostrar su rendimiento, hizo dos goles y fue destacado por su entrenador. Eso es preparación.

Uno se pregunta, ¿Por qué Alexis Sánchez, siendo la figura que es, y a sus 35 años, hace eso? ¿Por qué si no tiene cabida en un equipo, no se va a los cientos de equipos que deben quererlo y sería figura? Alexis es distinto. Alexis no es conformista, potencia su rendimiento al máximo.

¿Cuántos de nosotros somos buenos en algo y dedicamos, conscientemente, más tiempo a prepararnos, a hacernos más expertos, y a sacar lo mejor de nosotros? Probablemente, si eres bueno o buena vendiendo, y te mandan a un curso de ventas dirás “esto yo ya lo sé”, en vez de decir “qué bueno que me puedo seguir especializando en lo que soy bueno/a”.

Pedrito va en cuarto año básico del colegio, tiene buenas notas, llega a su casa con el informe de notas y sus papás ven puros 7 (nota máxima) y un 5.0. Imagínate que eres Pedrito, ¿de qué se hubiese hablado en tu casa al ver ese informe?

Estamos acostumbrados a ver lo que falta, en lo que somos malos, fijarnos en el 5.0 dentro de puros 7.0, y todo por la ilusión de ser “profesionales integrales”. La gestión por fortalezas apunta a otro paradigma; si somos buenos en algo, darle foco, subir nuestro desafío, potenciarnos, ser aún mejores.

¿Y en lo que no somos buenos? Si cumples con lo básico, bien. Si no, tenemos un equipo que puede ayudar y, recién cuando sea relevante esa brecha, podemos darle foco.

Por mientras, necesitamos incorporar en nuestra mirada la gestión desde las fortalezas, no porque haya sido en algún momento una moda, sino porque muchos estudios hablan del impacto positivo que tiene en el involucramiento, en las ventas, en el bienestar, en la productividad y en los resultados. ¿A nadie le gustaría eso?

Pasa que no sabemos cómo hacerlo bien. No dedicamos tiempo a identificar nuestras fortalezas o las de nuestro equipo, ponerle un nombre que nos ayude a distinguirlas y hablar sobre ellas para usarlas y desafiarlas. Suena a contrapelo, pero ese es el tema, planificar cómo sacarle el máximo rendimiento. E incluso podemos asociar esa fortaleza a distintas actividades que a priori nos pueden costar.

El rol como líderes no queda supeditado a maravillarse de las fortalezas de las personas, si no, a mirarlas, mostrarlas en acción, desafiarlas y usarlas como el principal recurso para crear valor para la organización, y de paso, bienestar en la persona.

Y si vamos un poco más allá, el líder es responsable de generar las condiciones para que cada persona pueda desenvolverse desde sus fortalezas de la mejor forma, retroalimentando, pensando estratégicamente, apuntando a que haya un ambiente fértil para que crezca y se desarrolle.

Como lo hacía Alexis, no sólo disfrutando de ellas, sino que con dedicación, esfuerzo y disciplina potenciarlas al máximo.


Javier Pumarino, Líder de Proyecto