Líder reflexionando sobre el estado actual de las cosas y cómo en la vida moderna incluso aquellas actividades en las que buscamos bienestar y tranquilidad, se vuelven una exigencia.

La presión de convertirnos en una mejor versión

June 25, 20263 min read

Quiero comenzar esta columna con una confesión.

Hace años practico meditación. He tomado cursos y diplomados sobre mindfulness, gestión emocional y compasión. Y, sin embargo, nunca me había sentido tan presionada por responder emocionalmente “bien” como ahora.

Hace poco me descubrí realmente enojada por algo que podríamos llamar mínimo: un mensaje con un tono determinado, en una situación extremadamente cotidiana.

Y mientras reaccionaba, una parte de mí pensaba: ¿No se supone que después de tantos años meditando ya debería manejar mejor esto?

Ahí me di cuenta de algo: había convertido el bienestar en una nueva forma de exigencia.

A veces dejamos nuestras emociones en pausa porque sentimos que los demás tiene menos recursos que nosotros para lidiar con lo que está ocurriendo. Y sin darnos cuenta, terminamos sosteniendo más de lo que podemos, como si tener herramientas significara no necesitar apoyo.

Y ahí es donde el bienestar deja de sentirse liviano.

Porque aprender sobre bienestar también puede convertirse en una exigencia silenciosa. Una especie de estándar interno difícil de sostener, como si después de todo lo aprendido ya no hubiera espacio para reaccionar mal, cansarse, frustrarse o simplemente no poder más.

Últimamente pienso que esto no ocurre solo con el bienestar, pasa con muchas de las causas o identidades que abrazamos. Cuando decides ser más consciente, mejor compañero, mejor líder, más empático o más presente, pareciera que quedas atrapado en una expectativa permanente de coherencia.

Quizás también necesitamos recordar que tenemos derecho a ser inconsistentes, a veces actuamos de maneras que no reflejan todo lo que sabemos, valoramos o promovemos y eso no nos convierte en hipócritas ni en fracasados; nos convierte en personas.

Muchas veces somos especialmente exigentes con quienes tienen herramientas emocionales o conocimientos sobre bienestar: ¿Cómo se va a sentir así si es psicólogo? ¿Cómo no pudo regularse si trabaja ayudando a otros?. Pero conocer algo no nos vuelve inmunes a la experiencia humana. Todos tenemos momentos de cansancio, incoherencia, impulsividad o fragilidad.

Sostener esas contradicciones, sin justificarlas pero tampoco condenarlas, también es una forma de humanidad, tal vez necesitamos más paciencia con nosotros mismos y con los demás mientras aprendemos, cambiamos y volvemos a intentarlo.

Vivimos en una época obsesionada con mejorarse, nos trabajamos internamente hasta el cansancio para sanar al niño herido, manifestar la vida deseada, vibrar alto, poner límites saludables y aprender a gestionar cada emoción de manera correcta.

Todo, supuestamente, para estar mejor.

Pero hay algo profundamente humano que estamos olvidando: no siempre vamos a poder sostener nuestra mejor versión emocional.

A veces la vida simplemente cuesta y no porque estés fallando en tu proceso.

Tal vez necesitamos relacionarnos con nosotros mismos con menos exigencia espiritual y más honestidad emocional, entender que estar en construcción también implica contradicciones, cansancio y momentos donde no sabemos hacerlo mejor.

Porque crecer también debería incluir la posibilidad de aceptarnos mientras cambiamos, de tener paciencia con nuestros ritmos, nuestras contradicciones y nuestros tropiezos. Tal vez el bienestar no consista en convertirnos permanentemente en una mejor versión de nosotros mismos, sino en aprender a acompañarnos con más humanidad mientras seguimos siendo imperfectamente humanos.

Daniela García Jara

Líder de proyecto, HuX Consultores

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