¿Te acuerdas cómo aprendiste empatía? No me refiero a la fecha, día o edad, me refiero a la forma, ¿te acuerdas?
Yo no me acuerdo de fecha, día o edad, pero como padre de dos niños, especialmente de uno de casi 6 años, me di cuenta de que la forma en como transmito la empatía, y en cómo me la enseñaron a mí, y en como veo que otros la enseñan, más que empatía, es culpa.
"No hagan tanto ruido, que tu mamá está durmiendo…" podría ser suficiente, pero agregué… "Ella ha estado todo el día corriendo por ustedes y haciendo cosas para que ustedes estén bien". Culpa.
"¿Crees que él/ella se siente bien si le hablas así?" Otra frase que intenta ser súper educativa, pero que deja implícita la culpabilidad sobre lo que está haciendo.
En tiempos actuales, la empatía tiene muchos desafíos. Los tiempos PLUTO como muy bien cuenta Daniel Rovira en su publicación, hablan de un mundo Polarizado, Líquido, Unilateral, Tenso y Omnirrelacional; desafiante. Desafiante especialmente para la empatía porque es un camino clave para salir de los polos, para abordar la tensión, para entender y habitar la omnirrelacionalidad, y, en general, para dar respuestas de maneras ágiles, versátiles y confiables. A esto, sumarle la cantidad de generaciones que están trabajando juntas, la diversidad que cada vez es más valorada, los contextos individuales que cada vez tienen más impacto en nosotros mismos, y la necesidad de innovar y crear cosas nuevas.
La empatía consiste en "ponerse en los zapatos del otro", pero ¿se puede hacer eso? Más allá del acto físico, ¿uno puede realmente ponerse en los zapatos del otro? Si entendemos que las emociones, juicios y creencias no vienen solo del contexto que cada uno está viviendo, sino que vienen filtradas de una historia personal, familiar y cultural, que vienen de aspectos físicos y socioemocionales de cada persona, parece bastante obvio que no, que no se puede sentir 100% como sienten otros, ni ver la vida en un 100% como la ven otros.
Y por eso, quizás, llevamos la empatía a cómo nosotros podemos ver al otro y validar su sentimiento, solamente que, para ponerlos en un lugar protagónico, recurrimos fácilmente a la culpa. Y no es necesario; lo necesario, especialmente en un mundo cultural ya bastante dominado por la culpa (el mundo occidental judeocristiano), es poder enseñar que la empatía es ver que a otra persona le pasa algo, validarla desde su lugar (y quizás no necesariamente entenderla), y dar el espacio de apoyo: que la persona pueda reflexionar, tomar decisiones, recurrir a sus recursos y enfrentarlo con sus elementos.
Para lo último, eso sí, es relevante la confianza, porque empatizar implica confiar en la otra persona y que sus interpretaciones, sus ámbitos de acción y sus decisiones pueden lograr algo. También, hablándolo más en frío, implica confiar que la otra persona siente algo que quizás no puedo entender, y es real, no que me está mintiendo para aprovecharse de ese "espacio de apoyo".
Uno de los atributos más importantes del liderazgo es la empatía, de hecho, entre todos los apellidos que se le da al liderazgo, está el "liderazgo empático" y este nos desafía a:
- Conocer y conectar con las personas del equipo (así vamos entendiendo la importancia para ellos que tienen las distintas situaciones)
- Escuchar con apertura y con posibilidades de tomar acción con ello. Escucha nivel 4 y 5 diría Otto Scharmer.
- Tomar decisiones rápidamente e incorporando la empatía como un factor relevante de ella
- Adaptarnos al impacto que tienen esas decisiones y ser ágiles en reconfigurar planes, equipos y recursos en pos de ellas.
- Posicionar la confianza como un valor principal, conociendo bien los costos de una vulneración a ella, y promoviendo que en el equipo se validen las razones y dimensiones de algunas situaciones. Para hacerlo más explícito: construir seguridad psicológica.
- Flexibilizar rutinas, estándares, compromisos en tanto sea posible. Buscar la gestión por objetivos más que la microgestión.
Aun con estos consejos sigue siendo difícil enseñar a empatizar, sobre todo a un niño de casi 6 años que recién entiende el mundo, pero no podemos dejar de privilegiar esta habilidad como una por la cual tenemos que hacer más esfuerzo. Si no, ¿cómo se sentirán los demás que sí han hecho el esfuerzo?
Javier Pumarino
Líder de Proyecto
Equipo HUX


