ser o estar

¿Ser o estar? El liderazgo que ocurre fuera del escenario

March 05, 20263 min read

Una reflexión a propósito del Mes de la Mujer

La historia suele recordar a quienes crean las obras, no a quienes sostienen la vida mientras esas obras se vuelven posibles. Hace unos días, al ver Hamnet, esa idea se volvió imposible de ignorar.

En apariencia, la película explica el origen del dolor que inspiró Hamlet: la muerte del hijo de William Shakespeare y cómo ese duelo termina convertido en una de las obras más importantes de la historia. Pero mientras avanzaba el relato, se hacía evidente que la historia no trataba realmente de Shakespeare.

Trataba de Agnes.

Ella no escribe obras ni ocupa escenarios. No será recordada por la historia. Y, sin embargo, sostiene todo.

Es quien permanece cuando la tragedia ocurre de verdad. Quien enfrenta la enfermedad, la pérdida y el vacío mientras William está lejos, intentando sobrevivir, a su manera, al dolor.

Hamnet me conmovió profundamente, por eso entré en la búsqueda de reflexiones de otras y otros que ampliaran mi comprensión y me encontré con una pregunta incómoda, casi inevitable al pensar en el verbo inglés to be, que reúne en una sola palabra lo que en español distinguimos: ¿se trata realmente de ser o no ser, o más bien de estar o no estar?

En Hamnet, Shakespeare logra ser a través de su obra; Agnes, en cambio, asume algo distinto: le toca estar.

  • Estar cuando duele.

  • Estar cuando no hay respuestas.

  • Estar cuando otros simplemente no pueden.

La obra Hamlet permite comprender cómo él procesa el duelo. Pero la verdadera resolución ocurre cuando Agnes presencia la obra y logra entender esa distancia. Y nuevamente, es ella quien comprende, quien integra, quien adapta.

La historia consagra al genio. Pero rara vez se detiene en quien sostuvo la vida mientras el genio intentaba comprenderla. Y ahí aparece esa pregunta que trasciende la película.

Seguimos viviendo en sistemas (familiares, sociales y organizacionales) que funcionan gracias a personas que sostienen lo humano cuando todo se tensiona: quienes contienen, anticipan conflictos, reparan vínculos y evitan que las fracturas se vuelvan irreparables.

Ese trabajo existe, es crítico y sigue siendo, muchas veces, invisible. No porque no lo valoremos, sino porque lo hemos vuelto esperado.

Hemos avanzado en reconocer liderazgos visibles y trayectorias destacadas. Sin embargo, aún persiste una expectativa silenciosa: que alguien, frecuentemente una mujer, comprenderá primero, se adaptará antes y absorberá el impacto emocional necesario para que todo continúe funcionando.

Ahí está la incomodidad que deja Agnes. No en su capacidad de sostener, sino en nuestra tranquilidad frente a ello.

Porque cuando sostener se transforma en rol asignado, deja de ser fortaleza y pasa a ser desigualdad disfrazada de virtud.

Hoy hablamos de empatía, colaboración y liderazgo relacional como competencias del futuro. Pero pocas veces reconocemos que esas habilidades han sido sostenidas históricamente por quienes permanecen cuando otros no logran estar.

El desafío no es solo abrir espacios de liderazgo para las mujeres, algo indispensable, sino revisar cuánto seguimos descansando, consciente o inconscientemente, en su capacidad de sostener lo que nadie más está dispuesto a sostener.

En este Mes de la Mujer, la conversación quizás no debiera centrarse únicamente en cuánto hemos avanzado, sino en algo más profundo:

¿Quién está sosteniendo hoy nuestros equipos, nuestras familias y nuestras organizaciones?

Tal vez el verdadero liderazgo comienza el día en que dejamos de asumir que alguien más siempre va a sostener.

Ximena Perivancich Hoyuelos

Directora de Cuentas

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